Acerca de Europa, el euro, la Democracia y la dracma ..

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Photo: © Petros Diveris, Manchester, June 2015

Muchas gracias a Cristina Fernández por la traducción.

Ayer publiqué un comentario en Facebook diciendo medio en broma que ya era hora de que nosotros (los griegos) nos retiráramos del euro y dejáramos de pagar la deuda, y que Merkel soportara algunos de los costes. No dije esto a la ligera, y menos porque sabía que muchos de mis amigos y familiares iban a encontrar esta declaración atroz. Los acontecimientos en Grecia se han movido más rápido que mi cambiante y francamente poco importante opinión, como el gobierno recientemente elegido que ha anunciado un referéndum para o contra las demandas de la llamada "troika". Esto será interpretado por muchos como un referéndum sobre volver al dracma o quedarse en el euro, lo que por supuesto es un falso dilema. La pregunta no es "¿euro o dracma?" si no "¿democracia o no?" Si un regreso al dracma es el precio a pagar para salvar la democracia, entonces sé lo que votaría.

Para poneros en contexto, me gustaría recordar a mi limitado número de lectores que soy europeo, de origen griego, nacido en Alemania de una pareja que en el pasado se describían a sí mismo como reformistas de izquierdas. Como tal, siempre he apoyado el proyecto europeo y las inevitables peticiones para la modernización (o lo que la troika llama hoy "reformas") de la economía griega y, en última instancia, de la sociedad. Seguro que a estas alturas la mayoría estáis familiarizados con la agotadora historia de la quiebra no reconocida de Grecia a principios de 2010, y la consiguiente transformación de la deuda a los bancos franceses y alemanes en obligaciones fiscales griegas [1], y la constante epopeya griega de estar en un goteo de liquidez desde entonces. El goteo fue, por supuesto condicional, ya que venía de un trío formado por el FMI, la CE y el BCE, apodado cruelmente la "troika".

El trío exigió reformas y se basaba en que el ritmo percibido de las reformas bombearía dinero al pais. En la superficie de todo esto, durante los cuatro años anteriores al ascenso de Syriza, las reformas se estaban poniendo en marcha y todo estaba en orden. Pero eso no era exactamente así: el propio FMI ha reconocido públicamente que no sólo el tipo de reformas exigidas, si no los plazos y los cálculos estaban equivocados. Como dije al principio de este texto, mi declaración sobre salir del euro es muy controvertida y muy posiblemente me costará unos cuantos amigos de Facebook, si no familiares; pero ninguna persona en su sano juicio, ya sea en Grecia o en el extranjero puede no estar de acuerdo con el propio reconocimiento del FMI: que los cálculos estaban equivocados, que el resultado es una economía que se ha reducido en un 25%, que uno de cada dos jóvenes griegos están fuera del mercado de trabajo, y el consiguiente aumento de la deuda alcanzando un porcentaje del PIB del 170%. Ninguna persona en su sano juicio, "partidaria del euro" o "partidaria del dracma" puede negar estos números. A este respecto, centrar el tema en "seguir en el euro" o "salir del euro" es un falso dilema. Lo que podemos debatir es qué se necesita hacer. Basado en la experiencia de los últimos cuatro años, sólo tenemos una certeza: NO debemos hacer más de lo mismo.

Es una cuestión de hecho que la economía griega es muy cerrada en sí misma: como a menudo se ha argumentado, es difícil iniciar o entrar en un negocio y además el ambiente para los negocios puede ser muy negativo. Un gran número de personas ha evitado sistemáticamente el pago de sus impuestos, cosa que es indiscutible como el hecho de que Grecia es una sociedad envejecida. (Esto se vio agravado por la crisis ya que, según algunos, hasta cuatrocientos mil jóvenes griegos con titulaciones superiores e incluso doctorados han abandonado el país.) Sin embargo, ninguno de estos temas fue abordado por las exigencias de la troika que supusieron la reducción del Estado, la eliminación de las leyes laborales y la venta, a precios de saldo, de cualquier cosa que valiera un céntimo en Grecia. Los gobiernos griegos anteriores, a caballo de la troika, trataron de vender los bosques, islas y la costa griega. Una mina de oro cambió de manos por menos de 10 millones de euros, cuyos nuevos propietarios esperan obtener hasta $ 22 mil millones en beneficios, que no tributarán en Grecia. Las demandas incluyen incluso absurdos tales como el cambio de los horarios de apertura de las farmacias y la designación de la leche con cinco días como fresca. Fue entonces cuando entró Syriza Y lo que ellos proponen es lo que en última instancia, Grecia necesita para recuperarse: Un retorno al crecimiento, por una parte, y la ampliación de la base impositiva y las actividades afectadas por impuestos, por el otro. No importa lo que la facción "europeísta" está reclamando hoy, nada de eso había estado alguna vez en el programa (tal vez con la excepción notable de las mejoras en el sistema de impuestos propuestos por D. Spinellis).

Si Syriza tiene alguna esperanza de alterar el trágico giro de los acontecimientos siempre ha sido una cuestión espinosa, pero lo cierto es que las elecciones no pueden cambiar al electorado. Independientemente de las opiniones firmes "a favor del euro", los programas presentados por Varoufakis eran mucho más creíbles de lo que cualquier "europeo enfadado" jamás se atrevería a admitir. Incluso escritores conservadores como Ambrose Evans-Pritchard del Telegraph han admitido que [2] los documentos de trabajo presentados por Syriza fueron sistemáticamente rechazados por los dogmáticos neoclásicos del núcleo de la llamada "unión", mientras que la mayoría de los economistas en el planeta estaban de acuerdo con ellos. Cuando digo la mayoría, me refiero a gente como Krugman y Galbraith y Soros y Strauss-Kahn [3], hasta el economista jefe del FMI Sr. Blanchard.

Nunca pensé que yo podría sugerir "salir del euro". Pero también nunca pensé que íbamos a llegar a un punto donde la moneda es lo único que importa, más que la democracia, la economía y, sobre todo, la sociedad. Las últimas exigencias propuestas por la troika fueron claramente diseñadas para acabar con la economía griega. Las demandas relativas a los productos farmacéuticos y los impuestos a la industria del transporte marítimo estaban más destinadas a que las grandes multinacionales europeas entrasen en estos mercados que a apuntalar la economía. El régimen fiscal del comercio marítimo, que la banda de los tres quería cambiar, es el mismo que actualmente tienen la mayoría de las naciones del mundo, basándose en el modelo griego. No es impensable que Alemania y otros sientan ahora que es el momento adecuado para entrar en ese último remanente de la industria griega – el transporte marítimo - las más sagrada y antigua de las vacas griegas.

No importa lo que los "partidarios del euro" dicen, también hay una sospecha generalizada de que la banda de los tres quería humillar a Grecia y hacer un ejemplo de ello. Los comentarios serán por supuesto que Tsipras y su gobierno son unos cobardes que no pueden tomar una decisión en contra de la voluntad de las personas que los votaron. Los sabios "europeos" señalarán que Tsipras hizo promesas que eran imposibles de mantener: poner fin a la austeridad, no reducir las pensiones o evitar otra subida del IVA. Esta creencia se basa firmemente en la ortodoxia actual de que las políticas neo-clásicas dictadas por tecnócratas no elegidos en algún lugar entre Bruselas y Frankfurt son de alguna manera dictadas por Dios y las únicas aplicables. Si se escucha a Merkel o a nuestro propio Osborne se podría pensar que una economía mundial libre de deudas es de alguna manera alcanzable; pero esto es una falacia que va en contra de la noción misma de dinero y las formas en que se crearon. Los griegos "europeístas" insistirán en que la capitulación de las instituciones democráticas a los mercados es de alguna manera la más europea de todas las virtudes. Apuntan a las colas en los cajeros automáticos como prueba de su postura, ya que si no era de esperar en cualquier momento, lo era a raíz de las últimas demandas de la troika y la respuesta griega al respecto. Los griegos europeistas también, de una manera muy griega, insisten en que Grecia es un caso especial, una forma extraña de excepcionalismo basado en aspectos negativos que ve a Grecia como un estado inusualmente despilfarrador y corrupto. Pero a este excepcionalismo, no obstante, le faltaba la visión de cómo Grecia se está convirtiendo en un ejemplo para el resto de Europa.

En muchos aspectos estoy muy lejos de los acontecimientos en Grecia ya que vivo en el Reino Unido relativamente estable, pero esto significa que tengo la distancia para leer una amplia gama de periódicos y revistas publicados en muchos países de Europa y América del Norte y discutir con otros economistas , para llegar a la conclusión de que el consenso es que Grecia simplemente no puede pagar su deuda actual, y estará en una peor posición para hacerlo si el aluvión de nuevas medidas entran en vigor, reduciendo aún más el PIB. Además, un número cada vez mayor de personas piensa que la austeridad es esencialmente una guerra de clases y que estas políticas, en contra de lo que dice la Merkel y Osborne, sólo están diseñadas para facilitar la transferencia de más y más riqueza pública al sector privado, al 0,1% de la humanidad. La deuda mundial actual se estima en más de 40 billones de dólares [4]. Exactamente a quien, ¿tal vez a los marcianos?

La pregunta que me gustaría hacer a los griegos euro-partidarios es si creen que una continuidad de las mismas políticas recesivas como las aplicadas hasta ahora va a levantar de alguna manera la economía griega. Si no, si sólo están diseñadas para mantener al país en una agonía, mantenimiento el statu quo del reducido número de privilegiados y empobreciendo a todos los demás, ¿Qué tipo de generación es la nuestra que se siente justificado para alcanzar tales niveles de deuda y condenar a la esclavitud a las siguientes generaciones? En Grecia la gente de vez en cuando solía murmurar que " lo que necesitamos es otra junta" [5]. Hoy este lema se ha transformado en "en Europa, con el euro a toda costa", como si Grecia se pudiera modernizar de alguna manera por las fuerzas externas impuestas por el BCE, la CE y el FMI. Todos los intentos de una modernización forzada de Grecia han fracasado porque fueron forzadas. El cambio sólo puede venir desde dentro y, como he dicho antes, no podemos cambiar al electorado, no en tiempos de paz. Si Grecia no puede estar dentro de la zona euro, o los griegos no pueden aceptar más austeridad y Berlín no puede considerar la cancelación de parte de la deuda griega, entonces algo tiene que suceder. Todos sabemos que las políticas actuales "europeas" sólo han empeorado las cosas.

La gente de Syriza sabe esto, y están intentando otra forma de hacerlo. Ellos fueron elegidos para esto, y el referéndum que acaban de anunciar es coherente con el principio básico de la democracia: que el pueblo debe decidir sobre los asuntos que se van a afectar al curso futuro de sus vidas y de la sociedad en que viven. Es por esta razón, si no cualquier otra, que debemos darles todo nuestro apoyo. Por la democracia.

Petros Diveris, June 2015

[1] The troika saved banks and creditors – not Greece, Thomas Fazi

y

Where did all the money go?, Yiannis Mouzakis

[2] Greek debt crisis is the Iraq War of finance, Ambrose Evans-Pritchard

[3] Economist Global Debt Clock

[4] Χούντα χρειάζεται η Ελλάδα, υποστηρίζει Φινλανδός βουλευτής

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